PSICOLOGÍA CLÍNICA

La Psicología clínica forma parte del área de trabajo del Gabinete de CEAP, donde ofrecemos asesoramiento y tratamiento en los trastornos psicológicos más frecuentes en la infancia y adolescencia. Como pueden ser los que a continuación se detallan.

1. Problemas de conducta infantil: hábitos, disciplina…

Conscientes de que la sociedad actual es compleja y manteniendo el interés por adaptarnos a la situación de las familias, CEAP ofrece a los padres la posibilidad de mejorar sus habilidades para conseguir mayor autonomía y responsabilidad en sus hijos como parte de la Psicología clínica.

2. Problemas en la alimentación.

Cuando aparece una demanda de consulta por un trastorno alimenticio, desde el Gabinete de Psicología clínica del centro, se valora la posibilidad de intervenir. Si el tipo de problemática excede nuestro ámbito de actuación, se asesorará a las familiar derivando a los profesionales convenientes.

Los trastornos de la ingestión y de la conducta alimentaria se caracterizan por alteraciones persistentes en la alimentación y la ingestión propiamente dichas.

Los trastornos específicos son:

Pica:

Trastorno de Rumiación:

Trastorno de la Ingestión alimentaria de la infancia o la niñez:

Trastorno de la Conducta alimentaria: Anorexia y Bulimia nerviosa:

3. Problemas en el sueño.

Resulta muy habitual que los padres se quejen de que sus hijos tienen problemas de sueño. Para comprender los trastornos del sueño en los niños y ayudar a los padres a decidir si el sueño de sus hijos es problemático resulta necesario comprender la variabilidad de lo que se considera un sueño normal en los niños.

En todas las edades se producen variaciones y los patrones de sueño cambian con el desarrollo. Por ejemplo, un recién nacido duerme, aproximadamente, 16 horas diarias. Al año de edad la cantidad media de sueño desciende a 12 horas. El niño de diez u once años duerme alrededor de 8 horas diarias. Además de modificar la cantidad de horas de sueño, otros aspectos también sufren modificaciones. Los recién nacidos distribuyen su sueño de forma regular entre el día y la noche. Hacia las ocho semanas los bebés comienzan a dar signos de un patrón día-noche típico de adultos y hacia los dieciocho meses, los patrones de sueño suelen ser ya más estables.

Aproximadamente el 25% de los niños de uno a cinco años experimentan algún tipo de trastorno del sueño. En este contexto, las quejas más habituales con respecto al sueño de los niños están asociadas a la edad de los mismos. Durante el primer año de vida la queja se centra en que no duerme por la noche. En el segundo año aparece la reticencia a irse a dormir y las pesadillas. El niño de tres a cinco años presenta problemas para irse a dormir, se despierta por la noche y sufre pesadillas.
Algunos problemas de sueño se asocian a problemas psicológicos o de comportamiento, pero muchos niños presentan problemas de sueño como consecuencia de un incorrecto aprendizaje del hábito de dormir. El tratamiento en este caso sigue un programa pautado para la adquisición del hábito, que forma parte del ámbito de la psicología clínica.

Los trastornos del sueño que no son consecuencia de la falta de hábitos son:

4. Problemas de control de esfínteres: enuresis y encopresis.

Enseñar a los niños a no ensuciarse es una preocupación importante de los padres de niños en edad preescolar. Éstos pueden considerar que la adquisición de este aprendizaje es un hito evolutivo para el niño.

Actualmente, sin embargo, no se acude a consulta de psicología con la misma frecuencia que hace unos años por este tipo de problemas, puesto que la existencia de recursos como las braguitas/calzoncillos-pañal ha minimizado las consecuencias de la falta de control permitiéndole al niño retrasar esta adquisición.

Enuresis:

Encopresis:

5. Problemas de tipo emocional: ansiedad, depresión.

Los trastornos emocionales más frecuentes en la población adulta son la ansiedad y la depresión.

En la población infantil resulta difícil llegar a un diagnóstico de este tipo de alteraciones del estado de ánimo. Lo más habitual será que el niño o adolescente con problemas emocionales manifieste  síntomas de más de un trastorno. Así nos podemos encontrar con trastornos mixtos ansiedad – depresión.

Los niños y adolescentes que presentan estos trastornos suelen ser descritos como miedosos, retraídos, tímidos o preocupados, parecen ser muy desgraciados y les falta mucha confianza en sí mismos.

La ansiedad y la depresión comparten la presencia de un estado de ánimo muy alterado, sin embargo, podemos diferenciar cada uno de ellos.

Ansiedad:

Depresión:

6. Trastorno Disocial.

El trastorno disocial se puede definir como un conjunto de patrones de conducta antisociales manifestados por los niños o adolescentes que provocan un deterioro significativo en el funcionamiento cotidiano en casa y en la escuela. O bien las conductas se consideran como inmanejables por las personas significativas del entorno del sujeto.

Conductas antisociales:

7. Trastorno Negativista.

Las conductas de oposición, desobedientes y desafiantes se encuentran frecuentemente en niños asociadas con el curso de desarrollo normal. Sin embargo, para que puedan definirse como un trastorno, estas conductas deben manifestarse como un patrón recurrente y mantenido en el tiempo, donde la frecuencia de las conductas debe ser más elevada de lo esperado por edad. Conductas que se incluyen:

  • Perder los estribos.
  • Discutir con los adultos.
  • Desafiar o rehusar acatar, de forma activa, las peticiones o reglas de los adultos.
  • Hacer cosas, de forma deliberada, que molesten a los demás.
  • Culpar a los demás por errores o conducta inadecuada.
  • Ser muy susceptible o fácilmente irritable ante los demás.
  • Ser rencoroso y vengativo.

La mayoría de niños con este trastorno tienen un diagnóstico comórbido de TDAH. Es también habitual encontrar trastornos de la comunicación y el aprendizaje como condiciones asociadas.

La evaluación del trastorno incluye al niño, a sus padres y a entornos relevantes como la escuela. Se utilizan entrevistas clínicas y conductuales, análisis conductuales, autoinformes, escalas de conducta, etc.  La finalidad está en conseguir aislar las variables que inician y mantienen las conductas, también poder valorar la gravedad de las mismas, así como los factores de riesgo y protección presentes que son claves para llegar a un pronóstico.

El tratamiento de elección incluye estrategias conductuales y cognitivas (sobre todo el entrenamiento en habilidades sociales) y el entrenamiento a padres. La colaboración padres-escuela es imprescindible.

8. Entrenamiento a padres en el manejo de la conducta infantil/adolescente.

En CEAP tenemos la firme convicción de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de los hijos. También pensamos que este comportamiento es aprendido y puede modificarse. Partiendo pues de esta idea central, cuando una familia acude buscando ayuda, el plan de trabajo incluye, en la mayoría de los casos, el entrenamiento a los padres en el manejo de la conducta.

Escuela de padres: